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¡Bienvenidos al blog de Icónica!

Muchos (al menos tú) os estaréis preguntando qué es Icónica. Es la misma pregunta que me he hecho yo durante mucho tiempo. La verdad es que estoy cerca de poder contestar… la respuesta corta podría ser «icónica eres tú»  o «me gusta cuando icónicas porque estas como ausente». Pero sí, es una pobre respuesta basada en poemas plagiados que podrían traerme problemas legales. Icónica es esta historia que empieza aquí y no soy bueno dando respuestas cortas: 
Sé que en este mundo de las prisas, en este mundo de la mala leche que se me pone cuando me paran a hacer una encuesta, en este mundo de las lecturas de 140 caracteres… este texto ya puede parecer el inicio del Quijote y no precisamente por su calidad literaria. 
Todavía no golpees la pantalla, cuenta hasta 10. Perdemos el tiempo casi todo el tiempo, pero nos irrita enormemente que nos lo hagan perder y es que el tiempo es de cada uno y cada uno lo pierde como quiere. Después de esta pausa zen de 10 segundos perdidos, te ánimo a que siga…

Capítulo 4. El desaliento.

Apagó las luces y tapió las ventanas para acostumbrarse a la oscuridad del espacio. Se puso manos a la obra, sin saber si fuera sería de día o de noche.
Para la carcasa del cohete utilizó latas de refrescos que fue acumulando desde niño sin saber en su momento por qué lo hacía. Como asiento pensó que no habría otro más cómodo que el sofá de casa. Aunque un volante era del todo innecesario, quitó el de su coche y lo guardó en un cajón para instalarlo en la nave el día del lanzamiento, así su madre pensaría que tenía todo bajo control.
Puso a la venta en wallapop el resto del coche, por suerte el dueño de otro volante estaba buscando justo lo que él vendía. Invirtió todo ese dinero de la venta en latas de conserva: 3.000 de atún y 300 de anchoas para los días más especiales.
El tiempo acechaba, no podía perder ni un suspiro. Entonces pensó en el aire que se escapaba de sus pulmones, después en el que entraba, a continuación, en el que volvía a salir. Se dio cuenta de que era bastante prioritario respirar, y de igual manera lo sería en el espacio. Se empezó a agobiar mucho por el aire, notaba que le faltaba, por más profundamente que respiraba sentía que sus pulmones no estaban del todo llenos. Era muy importante poder respirar, de lo más importante que hay en esta vida y en el espacio iba a ser todavía más complicado. Se le pasó por la cabeza quitar las maderas que tapaban la ventana para coger una bocanada de aire, pero se resistió y decidió darse una ducha para tratar de calmarse y pensar en cómo resolver el problemilla de la falta de oxígeno en el espacio exterior. A medio duchar un escalofrío se escurrió por su espalda. Salió de la ducha, dejó un reguero de pasos hasta llegar a la cocina. Abrió la puerta del armario agitó la liviana bombona de butano y determinó que estaba completamente vacía. Ahí levantó los brazos y se le cayó la toalla ¡Esa bombona le salvaría la vida en el espacio!
Destapió la puerta y salió a la calle, era de noche. Volvió a casa y se vistió, empezó a buscar las llaves del coche… por todos los rincones. Hasta que abrió el cajón de la mesilla y vio el volante que le hizo recordar que era la única pieza del coche que conservaba.
Anduvo por más de 3 horas arrastrando la bombona, un generador eléctrico y el inflador del viejo coche. Llegó al invernadero, esperó 2 horas más a que amaneciera.
Sabía que las plantas por medio de la fotosíntesis comienzan a producir oxígeno con los primeros rayos de la mañana. Entró en el invernadero, acopló el inflador y rellenó la botella del oxígeno puro que generaban los pepinos, tomates y lechugas. Regresó a casa con el peso extra que te da una bombona llena. Tapió la puerta y durmió profundamente durante 5 minutos.
Al despertar pensó en cuantos días podría respirar en el espacio exterior con una bombona de 25 litros.
En la enciclopedia Laurousse encontró la respuesta:

 “Los humanos inspiramos y espiramos entre cinco y seis litros de aire por minuto, eso determina que en 24 horas una persona respira entre 7.200 y 8.600 litros.”

La bombona le salvaría 5 minutos de vida, 5 míseros minutos… necesitaba 288 bombonas al día. Ya que uno se pone a viajar por el espacio, que menos que pasar por allí un año. Requería para abordar esa misión la friolera de más de 100.000 bombonas de butano rellenas de oxígeno.
Empezó a agobiarse otra vez... se sentó por si se desmallara, bebió un vaso de agua. Pensó en la sed que te dan las anchoas. Sin querer calcularlo mucho recapacitó en cuánta agua necesitaría para pasar el año…  otra vez palideció, otra vez notó que le faltaba el aire, otra vez la maldita casa herméticamente cerrada. Aprovechando la bombona… se metió un chute de oxígeno.

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