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¡Bienvenidos al blog de Icónica!

Muchos (al menos tú) os estaréis preguntando qué es Icónica. Es la misma pregunta que me he hecho yo durante mucho tiempo. La verdad es que estoy cerca de poder contestar… la respuesta corta podría ser «icónica eres tú»  o «me gusta cuando icónicas porque estas como ausente». Pero sí, es una pobre respuesta basada en poemas plagiados que podrían traerme problemas legales. Icónica es esta historia que empieza aquí y no soy bueno dando respuestas cortas: 
Sé que en este mundo de las prisas, en este mundo de la mala leche que se me pone cuando me paran a hacer una encuesta, en este mundo de las lecturas de 140 caracteres… este texto ya puede parecer el inicio del Quijote y no precisamente por su calidad literaria. 
Todavía no golpees la pantalla, cuenta hasta 10. Perdemos el tiempo casi todo el tiempo, pero nos irrita enormemente que nos lo hagan perder y es que el tiempo es de cada uno y cada uno lo pierde como quiere. Después de esta pausa zen de 10 segundos perdidos, te ánimo a que siga…

Capítulo 5. Grandes remedios.


A grandes males, grandes remedios. No era viable despegar al espacio y regresar cada cinco minutos al invernadero para rellenar la bombona de oxígeno.

Le dio la vuelta al problema y encontró la solución. Si el oxígeno lo producía el invernadero, y el invernadero se alejaba a medida que el cohete avanzaba, la solución sería que cohete e invernadero coincidieran en el mismo espacio-tiempo. Dividió el plano de la nave en dos: salita de estar y jardín. Abonó la parte correspondiente del cohete, y en una primera tanda plantó lechugas, pepinos y pimientos de Padrón… luego volvió a acordarse de sus preciadas anchoas y de lo bien que maridan con los tomates, y le sobraba un huequecito para plantar una parra de uvas y poder hacer vino cósmico.

La idea de la bombona no la desechó, se la llevaría para las exploraciones fuera del cohete. Al margen del oxígeno con su huerto también conseguiría una dieta más variada, y le daría un toque hipster a la misión.

Con un sistema de espejos y su telescopio conseguiría la luz de la estrella más cercana para que a sus plantitas no les faltase de nada. El abono tampoco sería inconveniente cuando al mando de la misión está un generador de residuos orgánicos.

El huerto era una solución, pero también un nuevo problema, la cantidad de agua que necesitaría se disparaba. Agua, dos moléculas de hidrógeno y una de oxígeno que se unen para conformar la gasolina de la vida. No podemos vivir más allá de 5 días sin beber agua. Pensó en una anchoa que se muerde la cola.

¿Por qué el agua era tan necesaria para la vida? ¿Por qué las moléculas orgánicas se organizaron tras una suma de casualidades flotando en el agua para formar la primera célula de la historia? No tenía respuesta, era casi imposible que se formara la vida y aquí estamos. Lo que sí intuyó es que esa casualidad se produjo en el agua, porque había mucha agua en el basto universo, si en el universo hubiera poca agua la vida hubiese escogido otro líquido para obrar su pequeño milagro. El universo está lleno de moléculas de agua, y lo corroboró de nuevo en la enciclopedia.

“Hay estrellas ahí fuera (como la descubierta en la constelación de Perseo) que riegan, literalmente, el espacio circundante con gigantescos chorros de agua equivalentes a cien millones de veces el caudal del Amazonas por segundo. Hay agua en las enormes nubes de polvo y gas, en las que las estrellas nacen, y moléculas de agua libres por todas partes, flotando a sus anchas por el espacio interestelar.”

Cambió la bañera por un plato de ducha, la necesitaba como depósito de agua. Para conseguir agua sólo había que planificar bien la ruta, ver en qué puntos del universo había “estaciones de servicio” para mantener siempre el depósito lleno.

Repasó el listado de las cosas que necesitaba: 


Tenía el combustible: un bote con la antimateria que generó el televisor, y un hueso de aceituna en el fondo para que con un meneo hiciera reacción.

Tenía oxígeno: de su huerto portátil.

Tenía comida: atún, anchoas y hortalizas.

Tenía cohete: diseñado con la intersección de dos círculos que se cortan a la mitad. Y construido con latas recicladas.

Tenía agua: en su bañera y una ruta a la que llamó "La ruta del agua".

Tendría vino cósmico.

Tenía las ganas y ya sólo le faltaba el traje de cosmonauta.


En un principio pensó en algo elegante, y bocetó un esmoquin de atronauta, luego le pareció presuntuoso. Prefería un traje más humilde, no tenía por qué restregar a nadie el hecho de que iba a ser cosmonauta por cuenta propia.

Así que pensó en algo cómodo y sobre todo calentito, en el espacio exterior refresca bastante. Le estuvo dando vueltas durante horas. Como la casa seguía tapiada no sabía qué hora era… así que decidió acostarse. Se puso el pijama de franela y se metió en la cama. Se levantó como un resorte:

      —cómodo y calentito… ¡Pero si lo llevo puesto!.

El traje espacial lo diseñaría a la imagen y semejanza de su funcional pijama.

La escafandra sería aquella que guardaba con tanto cariño. Aquella que utilizó su bisabuelo Agapito, otro pionero, en este caso buzo por cuenta propia, explorador de los fondos marinos.

De repente, un día llamaron a la puerta…


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