Ir al contenido principal

¡Bienvenidos al blog de Icónica!

Muchos (al menos tú) os estaréis preguntando qué es Icónica. Es la misma pregunta que me he hecho yo durante mucho tiempo. La verdad es que estoy cerca de poder contestar… la respuesta corta podría ser «icónica eres tú»  o «me gusta cuando icónicas porque estas como ausente». Pero sí, es una pobre respuesta basada en poemas plagiados que podrían traerme problemas legales. Icónica es esta historia que empieza aquí y no soy bueno dando respuestas cortas: 
Sé que en este mundo de las prisas, en este mundo de la mala leche que se me pone cuando me paran a hacer una encuesta, en este mundo de las lecturas de 140 caracteres… este texto ya puede parecer el inicio del Quijote y no precisamente por su calidad literaria. 
Todavía no golpees la pantalla, cuenta hasta 10. Perdemos el tiempo casi todo el tiempo, pero nos irrita enormemente que nos lo hagan perder y es que el tiempo es de cada uno y cada uno lo pierde como quiere. Después de esta pausa zen de 10 segundos perdidos, te ánimo a que siga…

Capítulo final. El lanzamiento.

De repente un día llamaron a la puerta… la destapió y no era nadie, era algo peor que alguien… era el día 20 de Julio. Le pilló de sorpresa, con los ojos hinchados y las marcas de la sábana en la cara. El sol le cegaba, miró al cielo entre las ranuras de sus parpados, y por un instante sintió pena de tener que irse de la Tierra para cumplir su sueño.

El día del lanzamiento, esperaba que toda la calle estuviese atestada de gente, que la prensa se hubiera hecho eco de su hazaña, que a su paso se tuviese que abrir un pasillo entre la muchedumbre cual Moisés dividiendo las aguas al caminar. Fama, confeti y carteles de “te queremos, no te vayas”. No había nadie. Una planta rodadora del desierto se cruzaba en el horizonte con recochineo, era 20 de Julio, la chicharra cantaba y sus vecinos estarían en Benidorm.

De repente vio a lo lejos una silueta muy pequeña, de esas siluetas que te preguntas cómo puede albergar a una persona con todos sus componentes. Era su madre.

       —Son malas fechas para despegar un cohete. No te desanimes. Toma, te he hecho un bocadillo.

       —Mamá, que llevo 3000 latas de atún...

       —Venga hijo, que ya vas tarde, vístete.

       —No mamá si es el traje espacial, que es un traje pijama. No me va a dar tiempo, me ha pillado el toro.

       —No seas agonías, venga ¿Qué hay que hacer?

Le ayudó a sacar el cohete, le quitó el polvo, cogió unos tomates y una lechuga para hacer una ensalada. Colocaron con mucho cuidado el bote de antimateria con su hueso de aceituna en el fondo. Junto al bote pusieron al irritante viejo despertador, colocaron la alarma a las 20:00h.

En materia de eficiencia no hay nada como una madre. Cuando llamaron a la puerta parecía que se acababa el mundo. Eran las 13:00h. del mediodía y ya estaba todo preparado, ahora quedaba demasiado tiempo para el lanzamiento. Le dijo que se fuera, pero su madre insistió en entrar en casa.

       —Anda que cómo me tienes todo, alma de cántaro. Abre las ventanas, que entre luz. ¿Has puesto un plato de ducha?

Jugaron al cinquillo y a las siete y media hasta que justo llegó esa hora. Se guardó las cartas en un bolsillo para poder jugar al solitario en esas tardes de aburrimiento.

Era la hora, y la única marcha atrás que contemplaba era la cuenta atrás del despegue. Le puso unos cascos a su madre como si fuera un técnico de la Nasa y le encargó que hiciera la cuenta regresiva cuando la aguja estuviese a diez segundos de llegar a la alarma de las 20:00h. Le pidió que la hiciera en inglés para darle un toque más épico.

        —¡Hijo, que yo no sé inglés! Que voy a decirlo mal…

Como no había mucho tiempo para que su madre aprendiera tantos números en inglés, dejaron la cuenta regresiva en sólo dos números: One, zero… go!.

La madre le dijo que si se quería quedar en La Tierra podía quedarse y buscar un trabajo como sus hermanas. Que no fuera astronauta por orgullo, que fuera lo que fuera ella siempre estaría orgullosa de él. Le dijo que no iba a llorar mientras estaba llorando y le dio un abrazo.

Desde la ventanilla el cosmonauta en practicas saludó a su madre.

        —Hijo ¿Y no tiene volante?

        —Está en la mesilla.

El cosmonauta en prácticas con el volante en la mano volvió a saludar a su madre.

Ahora sí la cuenta atrás llegaba, su madre muy concentrada exclamó:

        —One, zero, go!

La vibración del despertador hizo que el hueso de la aceituna entrara en contacto con la antimateria el cohete despegó en una perfecta vertical.

Y en el cráter que se hizo en el jardín apareció una carta que se le debió caer al subir al cohete por última vez. Un naipe con un extraño símbolo azul, rojo y amarillo. En su reverso, con letra muy chiquitita, se podía leer:



“Mi nombre es Samuel Peña Márquez y soy el cosmonauta. Aunque esta historia podría catalogarse como una delirante ficción, está basada en mis hechos reales. Soy diseñador gráfico porque un día decidí dejar de soñarlo. Me gusta el diseño porque soy observador, porque todo en la naturaleza tiene sentido y todo lo que nosotros construimos debería tenerlo. Elegí el 20 de Julio porque es el aniversario de la llegada del hombre a la Luna.

Me considero minimalista, me gusta el vacío porque enmarca al diseño, porque es el invisible elemento que hace que todo sea más bello. Icónica es una marca ficticia y un blog que inventé para darme a conocer. Toda la historia del cosmonauta es parte de mi auténtica marca: One zero go, la cuenta atrás y por supuesto el cohete.

Si quieres conocernos entra en onezerogo.com. Si estás montando una startup o tienes una empresa y necesitas imagen corporativa o quieres renovarla entra y mira lo que somos capaces de hacer. Si no tienes un negocio pero te ha gustado esta historia compártela por redes sociales.

Las cosas que te apasionan las haces con cariño, y ahora que ya nos conoces, es ese nuestro único secreto.”

Comentarios